viernes, 13 de febrero de 2015

Escucha

Hoy, día de la radio, es una buena oportunidad para reflexionar acerca de la diferencia entre oír y escuchar, así como recalcar la importancia que tiene esta última en nuestras vidas. A veces los empleamos como sinónimos, pero, ¿realmente lo son?, ¿es lo mismo oír que escuchar la radio? No, no lo es. Igual que no es lo mismo oír que escuchar a alguien. Oír es percibir el sonido, recibir un estímulo a través de nuestros oídos, pero no implica entender lo que se está oyendo. En cambio, escuchar implica prestar atención a lo que se oye, recibir el estímulo y, además, poner interés en saber de qué se trata, comprender lo que se percibe y, para ello, no utilizamos solo los oídos, incluimos otros sentidos.

A veces oímos sin pararnos a escuchar. Estamos tan ocupados pensando en nosotros mismos que nos olvidamos de los demás. Quizás alguien nos necesita, se quiere desahogar, pero no encuentra quien, en medio de este mundo de prisas, de idas y venidas, esté dispuesto a pararse, ofrecer su tiempo y escucharle. Escuchar de forma activa, sintiendo, comprendiendo, interiorizando.... empatizando, poniéndonos en el lugar de la persona a la que estamos escuchando. Solo así podremos entender su situación y darle nuestra opinión o nuestro consejo después porque solo así la otra persona se sentirá escuchada. Cuando escuchamos de esta manera, estamos haciendo mucho aunque parezca que no. Estás regalando tu tiempo, siendo un apoyo, haciéndole saber al otro que te importa, que lo valoras y que, por eso, estas ahí.

Como he dicho antes, para escuchar en plenitud no solo necesitamos los oídos, a veces ni siquiera utilizamos los oídos, nos bastan las miradas. Podemos escuchar con los ojos. Sí, como lo leéis. Pero esto no funciona con cualquiera, solo con aquellas personas que conocemos de verdad, con las que se produce una conexión especial... esas personas que con solo mirarlas a la cara nos dicen tanto.

Sin embargo, no solo vale con escuchar al otro, es fundamental aprender a escucharse a uno mismo. Es esencial para conocernos realmente. Solo nosotros sabemos cómo somos, qué nos mueve, qué nos inquieta, qué nos cuesta, cómo actuamos ante cada situación, cuáles son nuestros intereses, nuestros puntos fuerte y los débiles. ¿Cuándo escuchamos a nuestro corazón? Normalmente cuando se van a tomar decisiones importantes. El corazón nos habla constantemente y nos reclama cierta atención, aunque ocupemos nuestro tiempo con otras cosas que creemos más importantes, nuestro corazón siempre debería ser el primero en ser escuchado. El corazón es el único que sabe o qué queremos de verdad, lo que necesitamos para ser felices. Es por eso que debemos tenerlo presente siempre, dejar que priorice nuestras vidas. Aprende a escucharlo y, así, aprenderás a escucharte.



"Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. 
Cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve"

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