miércoles, 31 de diciembre de 2014

Hasta siempre, 2014

Se termina mi año, ese que con tanta ilusión esperaba, ¿por qué? Quien me conoce sabe lo especial que es para mí el número 14. Es el número que lucía en su dorsal aquella estrella que me devolvió las ganas por continuar cuando estaba tan perdida y él fue el que me regaló un gol el día de mi 18 cumpleaños. Él se crecía ante las críticas, era una estrella que dejaba destellos de magia y calidad allá donde pisara. Me enseñó que no había que rendirse, que muchos se quedarían con tus malas acciones y que pocos verdaderamente te valorarían por lo que eres, por quien eres. Y así es, este ha sido un año de logros, de sueños cumplidos, el culmen de bastantes años atrás llenos de optimismos, esfuerzo y traspiés, pero sobre todo, lo que me ha mantenido en pie es la constancia, el hecho de no perder la esperanza y confiar en que podía ser posible, que yo lo iba a hacer posible. Y así, conseguí cumplir mi mayor sueño desde niña, ser maestra. También hice realidad el sueño de obtener una oportunidad tan deseada como la de compartir un verano rodeada de niños y personas de las que aprender tanto. Y entre el primer sueño y el segundo, tuve la suerte de vivir la conquista de un título muy soñado por todos los madridistas y, aunque no pegue aquí hablar de fútbol, como soy yo y es mi vida, tengo que nombrar la Décima. Ellos también son un ejemplo de esfuerzo, de constancia y de superar las dificultades. Ellos, al igual que yo, lograron un sueño que llevaban mucho tiempo buscando.


Por otro lado, si tuviera que buscar una palabra para definir este año, la palabra que escogería es: familiar. Esta palabra engloba dos significados, dos motivos fundamentales. El primero es que, aunque tratemos de quedarnos con lo bueno, todos los años trae algo que nos gustaría cambiar y yo soy la primera que anima a hacerlo, a luchar por ello... pero en este caso no se puede. Son circunstancias que te toca vivir y con las que nunca vas a estar preparado. Sin embargo, como lo sabes ya de antemano, que esta vida es finita, sabes aprovechar y sacar partido a cada momento que vives. Yo lo hice y tuve la oportunidad de disfrutar de su presencia 23 años, que no es poco y llenos de momentos, aprendizajes y sobre todo recuerdos imborrables. El caso es que estas circunstancias nos han hecho estar más unidos y eso siempre es de agradecer. La familia debe estar unida siempre. El segundo significado de que este año lo considere familiar es que la gente de la que me he rodeado en diferentes viajes y encuentros me han hecho sentirme como en casa, verdaderamente en familia y eso, no tiene precio ni palabras suficientes para agradecerlo.


Cuando alcanzas un sueño, lo mágico es que eso no se quede ahí, que busques nuevos retos, nuevas metas para alcanzar. El año nuevo siempre viene cargados de nuevos propósitos, yo ya los llevo poniendo en práctica desde este nuevo curso y sé lo que me queda por delante. Confío en que estas metas de superación personal las voy a lograr, y ¿por qué estoy tan segura? porque ya he comprobado que no hay nada imposible y que si quieres, puedes, siempre se puede. Y si he llegado hasta aquí, que echando la vista atrás parecía inimaginable, puedo llegar a donde me proponga. Como he remarcado tantas veces, nunca es tarde para volver a empezar. Que no nos falte la ilusión ni las ganas. Llevemos una predisposición positiva para tener más cerca aquello que ansiamos.


Gracias mi 14 por darme tanta suerte.
Busca tus sueños, lánzate a por ellos y... ¡atrápalos!

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