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jueves, 30 de marzo de 2023

Nunca es tarde

Nunca es tarde para empezar de nuevo. Sabemos que la espera merece la pena, cuando volvemos con las fuerzas necesarias para afrontar nuevos retos. No importa el tiempo que pase, nunca será perdido porque mientras te encuentras escondido, buscándote a ti mismo, sabes que finalmente todo lo que has pasado, te habrá servido para hacerte mejor. Por lo tanto, no será perdido, sino invertido en ti, en una persona totalmente renovada, decidida y valiente.

Somos conscientes de que cada día muere y que, a su vez, cada día vuelve a nacer. Si uno es un infierno, nos queda el consuelo de que el siguiente no va a ser peor y que tenemos por delante más oportunidades para volver a intentarlo de nuevo. Dar carpetazo definitivo a aquello que no nos aporta nada positivo, sacar lo que nos hace mal, dar ese primer paso de un cambio sincero, que nos acerque a lo que queremos de verdad. Ser una persona mejor a la que fuimos hasta el día de hoy porque no hay que buscar ser mejor que nadie, hay que superarse a uno mismo.

Nunca es tarde para darnos esa segunda oportunidad. Cambiar nuestra forma de ver la vida, conocer gente nueva, abrirse a una realidad inédita, surcar nuevos horizontes y disfrutar, salir de la monotonía. Nunca es tarde para empezar un nuevo proyecto, volcar toda nuestra ilusión y dedicación en la consecución de nuevos objetivos. Metas que en un principio parecían inalcanzables, pero que con constancia, esfuerzo y fe se vuelven materiales y nos llevan al éxito profesional, junto con una transformación interna a la que llamamos crecimiento personal.

Nunca es tarde para aprender cosas nuevas, para poner en práctica nuevas habilidades, para probarnos y ver si somos capaces de aquello que tanto tiempo nos hemos negado. Porque hasta que no intentamos hacer algo, no vemos los resultados. Y es entonces cuando nos damos cuenta de que sí somos capaces de realizar aquello que durante tanto tiempo habíamos rechazado o nos habíamos negado, simplemente por no sentir que lo podríamos hacer, con excusas como "eso no es para mí".

Nunca es tarde para aprender a valorarnos, a priorizarnos, a amarnos más de lo que queremos a los demás. Dedicarnos un ratito al día a nosotros mismos, mimarnos, escucharnos, ser conscientes de todo lo que somos. Al igual que hacemos con elr esto, dedicarnos tiempo de calidad, regalarnos un momento de introspección donde nosotros seamos los protagonistas y nos brindemos toda la atención que merecemos.

¿Cuál es el mejor momento? Cuanto antes, no hay tiempo que perder.


Nunca es tarde para volver a empezar. Nunca es tarde para ser feliz. 

sábado, 14 de agosto de 2021

Soltar

¿Por qué nos cuesta tanto soltar? ¿Por qué seguimos insistiendo cuando ya está todo dicho? ¿Por qué nos arrastramos? ¿Por qué nos cegamos y no queremos ver la realidad? ¿Por qué nos agarramos a falsas esperanzas? Con lo fácil que es asumir que, como cantaba El canto del loco, ya nada volverá a ser como antes. La gente cambia, las mentes evolucionan, la vida pasa y las circunstancias y prioridades personales no son las mismas. El pasado se quedó en el pasado y tenemos que escribir y vivir nuestro presente. Cerrar un libro y comenzar otro, de cero (aunque con los aprendizajes adquiridos) y  emprender un nuevo camino. 

Basta ya de sufrir y preocuparnos por cosas o personas que no merecen la pena. Eso solo nos hace daño, no nos conviene, así que saquémoslo fuera de nuestra maleta. Soltemos los sentimientos de culpa o arrepentimiento, vaciemos nuestra mente de pensamientos negativos. El pasado ya pasó y, para bien o para mal, no se puede volver atrás. De nada sirve torturarse recordando lo que fue o lo que pudo haber sido y no fue por falta de valentía o decisión. De todo se aprende, sobre todo de los errores y de las experiencias negativas. No hay que buscar culpables, lo que pasó, pasó. Debemos quedarnos con el aprendizaje, aceptarlo, ser conscientes y hacernos más fuertes para que de cara al futuro todo sea diferente, al menos por nuestra parte. Y eso es lo único que nos debe importar, lo que depende de nosotros, lo que construimos cada día porque la actitud con la que enfrentemos lo que venga será distinta, si nosotros también nos transformamos. "Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo".

Tampoco podemos vivir de recuerdos pasados ni pretender que nuestro presente sea igual. Toda evolución es positiva. Por eso, necesitamos cambios, salir de nuestra zona de confort, crear nuevos retos, disfrutar de nuevas aventuras y conocer gente que nos dé un soplo de aire fresco con ideas innovadoras y nos plantee cuestiones que quizá antes no nos habíamos planteado, personas que nos abran nuevos horizontes y de las que aprender a ver la realidad desde otra perspectiva. Una oportunidad de crecer y convertirte en una persona renovada, con una vitalidad especial, con más ganas que nunca de valorar la vida y vivirla en plenitud.


Suelta el peso de tu pasado, vacía tu mochila de sentimientos negativos y llénala de positividad y buenos deseos. Verás que así viajas más liviano. Fluye y lánzate a vivir nuevas experiencias que enriquezcan tu vida.

sábado, 31 de agosto de 2019

Resiliencia

"La resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias adversas traumáticas, adaptándose a ellas positivamente. Es la capacidad de hacer frente a las adversidades de la vida, transformar el dolor en fuerza motora para superarse y salir fortalecido de ellas. Una persona resiliente comprende que es el arquitecto de su propia alegría y su propio destino." El término resiliencia proviene del latín y significa volver atrás, saltar y rebotar, lo que podemos asimilar e interiorizar como volver a comenzar.

En la vida, como en las oposiciones, nos enseñan a confiar en nosotros mismos, a creer en nuestras opciones, a sacar lo mejor de nosotros mismos y lo peor es que sí, nos creemos que podemos con todo, nos ilusionamos creyendo que este será nuestro año... en definitiva, nos sobra motivación. Confiamos tanto en nosotros que, cuando llega una decepción tan grande, cuando caemos en el pozo más profundo del fracaso, recordamos que nadie nos ha enseñado qué hacer ante este batacazo o cómo levantarnos después de caer tan estrepitosamente.

¿Cómo lo estoy llevando yo? La verdad es que me ha costado escribir esto, pero tras un tiempo sin hablar del tema, me pareció necesario compartir con vosotros una reflexión personal, con la que quizás os sintáis identificados. Yo lo he llevado al tema de las oposiciones, pero hay miles de motivos que nos hacen caer, piedras en el camino que se vuelven murallas, obstáculos que nos impiden seguir adelante y perder toda motivación. Me he basado en la resiliencia y he seguido algunos de los puntos que aparecen en la imagen con la que acompaño esta entrada. Os detallo, a continuación, cada uno de los apartados, profundizando un poco más en cada uno de ellos.

1. Las circunstancias nunca son perfectas, pero tu actitud sí: Esa misma actitud positiva que teníamos dentro antes de que el desastre ocurriera, es la misma que nos ayudará a sobrellevar este duelo al principio y con la que volveremos a ser fuertes en cuanto nos pongamos de nuevo en el camino de la lucha por alcanzar nuestros sueños.

2. Piensa en útil. Rumiar el pasado no lo cambia: Por mucho que le demos vueltas al asunto, rebusquemos entre los fallos que hemos podido cometer o tratemos de poner palabras con las que definir el debacle ocurrido, nada de eso cambiará la realidad. Ya es tarde y todo está hecho, por eso de nada sirve enfocarse en lo malo, en lo que hemos perdido, lo que nos hemos dejado atrás... sino que hay que pensar útilmente, buscando un aprendizaje de esos errores y un cambio con el que renovarnos para evitar repetirlos el futuro.

3. Busca soluciones. Somos cambio: Como acabamos de decir anteriormente, debemos reciclar nuestras ideas. Dentro de los errores seguro que tenemos una esencia que no necesitamos cambiar, pero sí que debemos analizar bien en qué punto hemos fallado y sobre todo cómo podemos mejorarlo, con qué toque original marcaremos la diferencia.

4. Aceptar. No es resignación, es dejar marchar: El dolor está ahí, puede que anclado en nuestro interior. Ante las decepciones tendemos a buscar culpables y cuando lo somos uno mismo, solemos machacarnos con gran resignación. Sin embargo, eso no ayuda a salir del bache, sino que sólo nos servirá para hundirnos un poquito más. Por eso, aunque suene contradictorio, lo mejor es dejar de pensar, desconectar, dejar la mente en blanco u ocuparla en otras cosas que nos distraigan y nos aparten de ese ovillo de tristeza y lamento. Sólo así dejaremos marchar todo ese tormento, las dudas, la decepción, la rabia, la impotencia... y aprenderemos a aceptar nuestro destino, el que nos ha tocado vivir y salir en búsqueda de nuevas metas por cumplir.

5. Asume tu responsabilidad: Da la cara, afronta el problema, busca una solución. Lo fácil es abandonar, salir corriendo, huir... cortar el problema de raíz y olvidar. Puede que un principio es lo que queramos y necesitemos y tampoco está mal hacerlo, siempre y cuando tras un tiempo determinado sepamos volver a encauzar el camino. Y al volver mirar bien todo lo que podemos cambiar y renovar desde un nuevo punto de vista.

6. Es temporal. No es para toda la vida: Y menos mal porque si no, ¿qué sería de nosotros? Es algo que en el momento impacta, sobre todo si no se espera y se recibe de repente. Del shock del principio pasamos a comprender que es algo temporal que nos toca vivir, pero que la vida sigue no se acaba ahí y afuera hay miles de oportunidades nuevas esperándonos y por las que merece la pena volver a dar el máximo, aunque parezca que es el fin del mundo.

7. No siempre se recoge lo que se siembra: Y si no que se lo digan a nuestros mayores, esos que han trabajado en el campo toda la vida. Los que han sembrado y sufrido contratiempos atmosféricos como inviernos fríos, tormentas y días de sequía que han empeorado sus cosechas y que, a pesar de sus esfuerzos y cuidados, no han podido ser recogidas como esperaban o merecían. Ponemos toda la ilusión, motivación y entrega, apostamos fuerte por nuestros sueños y, quién sabe si por azar, por causas o circunstancias externas que no dependen de nosotros o factores que sí, nos quedamos en el camino. 

8. La vida tiene una parte injusta... cuenta con ella: Tenemos que ser conscientes de que igual que existe el éxito, existe el fracaso y pasar por ello nos ayudará a volver más fuertes, con un crecimiento personal. Aunque tendamos a pensar en positivo, también hay que estar preparado si llegan las tormentas, pero no hay que quedarse viviendo en ellas.


"El mundo rompe a todos y, después, algunos son fuertes en lugares rotos"
Y tú, ¿eres resiliente?

jueves, 17 de mayo de 2018

¿Reciclamos?

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~~~ Todo puede tener otra vida (incluidos nosotros): ¡Recicla! ~~~

Normalmente, al pensar en la palabra reciclaje, nos vienen a la mente muchas ideas, todas ellas relacionadas con la reutilización de materiales. Y es que, muchas veces, no es necesario tener una gran imaginación para saber la cantidad de cosas y actividades que podemos realizar mediante esta acción. Claro que si tienes esa creatividad, ese don especial para hacer auténticas maravillas, mejor que mejor, pero no es lo más importante. ¿Las ventajas del reciclaje? Las conocemos de sobra, ya que desde niños nos han inculcado ese valor. Sin embargo, esta vez no vengo a daros la chapa con el tema del reciclaje de materiales, que de eso ya algunos podemos ser expertos absolutos (aunque también es fundamental, sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de dinero que ahorras siendo una persona práctica). Hoy vamos a abordar la idea del reciclaje desde otra perspectiva, una más humana, más cercana y que de igual modo nos incumbe a todos.

Al hablar de reciclar, propiamente dicho, podemos hacerlo en referencia a la actualización de ideas, sentimientos, hábitos o estados. ¿Qué cosas, acciones o actitudes te gustaría reciclar en tu vida? Pequeñas cosas, quizás perdidas en tu pasado que te gustaría volver a retomar. Por ejemplo: hobbies del pasado que te gustaría hacer de nuevo, encuentros añorables que quedaron perdidos, viajes que hicieron que el tiempo se detuviera y que te gustaría volver a recuperar, sensaciones de calma y relajación que echas de menos actualmente en un entorno de estrés... Párate y piensa, ahora tienes la oportunidad de cambiar el chip y renovarte, empezar de cero si lo necesitas. Seguro que algo hay, busca en tu interior y recicla ese deseo. 

Reciclar la mente es fundamental. Hay que intentar estar abiertos a nuevos mundos, a nuevas ideas y a nuevos horizontes. Si actualizamos nuestros pensamientos, cambiaremos nuestra percepción del mundo que nos rodea y, a la vez, transformaremos nuestra actitud para afrontar la vida. Descubrir oportunidades no es algo fácil, es necesario estar bien despierto para atraparlas. Por ello, resulta crucial mantener siempre una actitud positiva y abierta, que nos ayude a lograr aquello que ansiamos, así como despertar motivaciones personales ocultas o desconocidas hasta el momento.

De igual modo, no nos vendría mal reciclar un poquito también el corazón, los sentimientos hacia otros, pero sobre todo, hacia uno mismo. Eliminar las comparaciones, los pensamientos de "ése es mejor que yo". Limpiar todo tipo de odio o rencor, sustituyéndolo por perdón o, simplemente, por indiferencia. Debemos aprender a reciclar todos nuestros sentimientos negativos: ansiedad, miedo, tristeza o rabia, entre otros. ¿Cómo lo podemos hacer? En primer lugar, nos centraremos en lo positivo de una situación aparentemente desastrosa. Aunque sea más fácil reconocer los errores o el momento crucial en el que nos venimos abajo, hay que intentar mirar más allá, reconstruir los hechos y pensar en algo positivo que se quedó por el camino antes del hecho negativo. En segundo lugar, procuraremos no generalizar, no pensar que cada vez que pase algo similar, el resultado final será el mismo, cayendo, de esta manera, en un bucle continuo sin salida. Por último, debemos evitar tomarlo todo a pecho y creer que si ocurre algo malo, siempre será nuestra culpa porque somos así. Muchas cosas suceden y no dependen de nosotros, unas sí, pero otras no y tenemos que saber convivir con ellas sin machacarnos ni maltratarnos psicológicamente. Olvidar o dejar de recordarnos ciertos aspectos negativos, nos ayudará a llevar una vida mucho más sana y saludable.

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Y tú, ¿reciclas?

lunes, 15 de agosto de 2016

Vagón descarrilado

Parar, reflexionar. Todo el mundo huye, es mejor vivir en este mundo que no se detiene, que pese a todo sigue y dejarse llevar. Todos tenemos o somos un vagón de distintos trenes, un vagón que cuidamos y cargamos de sueños y metas por las que vivir y dedicar nuestro tiempo. Pero llega un momento que, ya sea por obligación o por necesidad, decides bajarte del tren y pararte a pensar. En mi caso fue una mezcla, mi vagón descarriló inesperadamente y ninguna excusa me convence ni me va a convencer de las causas, porque sé que realmente no es la verdadera, llamémoslo... intuición.

En ese vagón iban todas mis ganas, mis ilusiones, el esfuerzo, la dedicación y el compromiso de todo un año (que además había sido más que ninguno). Quizás por eso se descarriló, pesaba demasiado, lo cargué dando más de lo que iba a recibir y no aguantó.  Ya son muchos años cambiando el vagón, adornándolo de diferentes maneras, llenándolo de ideas, actitudes y vidas distintas, adaptándome a las circunstancias de la vía, a las características de los otros vagones para seguir el camino al "mismo" ritmo. Con tanto cambio ya ni siquiera sé quién soy ni cómo actuaría en realidad sin las exigencias del maquinista. Quizás también por eso se descarriló, por no tener suficiente personalidad para guiar mi propio vagón y simplemente dejarme llevar.

Todos estos meses de ausencia, todo este tiempo fuera de la vía, parada, desconcertada, llena de rabia e impotencia, me ha servido para pensar y llegar a la conclusión de que ya no voy a ser quien no soy por agradar y cumplir las exigencias de un maquinista que a la hora de la verdad no sabe apreciar mi implicación y mi trabajo, que ya no sirve de nada adaptarse porque siempre va a haber un excusa absurda para mí que me haga salir. Por lo tanto, ha llegado el momento de cambiar de tren, de embarcarme en una nueva aventura en busca de ese reconocimiento que aquí no voy a tener porque otros vagones haciendo menos llegan más lejos y son privilegiados, de primera clase. Porque las palabras pueden engañar, pero los números no y todo está muy claro ya, no me vuelven a tirar, no me vuelven a pisar, no vuelvo a ser la tonta que siempre está ahí luchando porque el tren llegue a su destino y solo recibe patadas que la empujan fuera.

Como todo, siempre hay algo positivo, en este caso mis queridos pasajeros no tienen culpa de nada y me demuestran cada día que para ellos soy importante, que me quieren y me echan de menos tanto como yo a ellos. Es por ellos y solo por ellos que seguiré con mi vagón por una vía paralela, al margen, una vía secundaria que no luche tanto por el destino del tren, sino por el bienestar de los pasajeros, al fin y al cabo, es lo que me merezco, recibir un poquito de todo lo que doy.

domingo, 14 de febrero de 2016

Enamórate

A todos aquellos que buscan el amor desesperadamente, que sienten que su vida no tiene sentido sin una pareja a su lado, que llegan a obsesionarse por encontrar el amor de su vida... Antes de enamorarte de una persona, tendrás que aprender a encontrar el verdadero amor en ti mismo, en lo que tienes a tu alrededor, en lo cotidiano, aquello que sabes que es lo más importante para ti. Algo que también te ata a la vida, aunque de manera distinta.

Enamórate de los paisajes, de la lluvia, del sol, de la luna y las estrellas. Enamórate de tu historia, de tus pasos, del camino que has recorrido y de lo que te queda por recorrer. Enamórate de las personas que tienes a tu lado. Enamórate de la sonrisa de tus herman@s, del abrazo de tu mejor amig@, de los cuidados de tu madre, de las manías de tu padre, de la comida de tu abuela, las palabras de consejo, apoyo y aliento. Enamórate de los "todo va a ir bien" y de los "tú puedes con eso y con mucho más".

Enamórate del tiempo que tienes para dormir después de un día duro, del que tienes para salir con tus amigos y del que pasas con tu familia. Enamórate de los momentos de risa, de llanto, de aquellos que sabes que pasan y que no van a volver, aprende a valorar y a disfrutar el presente. También, enamórate de los momentos de calma en soledad y descubre que dentro de ti hay un gran mundo por conocer. Enamórate de ti mismo, de tu cuerpo, de tus sentimiento, de tus emociones, de tus habilidades y conocimientos. Enamórate de tus miedos, de tus logros y de tus sueños porque forman parte de ti. Enamórate de tus problemas y, con mimo, busca una solución para ellos, con sencillez, sin complicaciones.

Enamórate de tu mascota y también de otro animal con el que te puedas encontrar, trátalo con cariño y con respeto. Enamórate de tus hijos, sobrinos, primos... de los niños que quieres como si fuesen tus hijos y también de los que ves pasar fugazmente por la calle, enamórate de su espontaneidad y de su vitalidad. Enamórate de tu canción favorita o de las que te hagan sentir algo especial al escucharlas porque ésas están hechas para ti. Enamórate de un libro, de un poema, de una frase o de una palabra con la que te identifiques, con la que expresarte y que tenga un significado valioso para ti. Enamórate de una flor, de una planta o de un árbol. Enamórate de su textura, de su aroma y viaja tan lejos como él te lleve.


Enamórate de la vida que desprenden las personas que te rodean, ya sean conocidas o extrañas. Contágiate y enamórate de tu propia vida, de aquella que vives y de la que das a los demás. Si enamorarse es sentir amor, entusiasmo o afición por algo, enamorarse es mucho más que amar a una persona, es amar la vida. Por eso, enamórate de la vida.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Cuándo perder te hace ganar

En numerosas ocasiones no somos conscientes de que nos perdemos muchas cosas por el miedo a perder, a fracasar, pero... ¿cuándo perder nos hace ganar?

Cuando perdemos el miedo al error. Aprendemos a arriesgarnos, a equivocarnos, a superar esos baches que se nos presentan y logramos sacar una moraleja de ellos. Aprendemos a conocernos más a nosotros mismos, a valorar nuestras posibilidades y descubrir cuáles son nuestros límites. Muchas veces nos sorprenderemos de lo que somos capaces de hacer y la satisfacción personal al cumplir nuestra meta o al ver que hemos sido capaces de intentarlo, será mayor según el reto superado. "Si nunca te arriesgas a cruzar el río, nunca sabrás lo que te espera a la otra orilla."

Cuando perdemos el sentido del ridículo y aprendemos a reírnos de uno mismo, a ser un poquito payasos cuando toca. A los que somos tímidos al principio cuesta, pero si te lo propones, poco a poco, lo consigues y aprendes a estar mejor y más a gusto contigo mismo. Con ello disfrutarás más de lo que vives, ya que no te pararás a pensar en qué estarán pensando los demás sobre ti ni tampoco en analizar fríamente lo que estás haciendo a cada momento. Esto te dará la oportunidad de ganar en espontaneidad y asimilar que la vida es mucho más sencilla de lo que parece.

Cuando pierdes el tiempo, aprendes a valorarlo. Esto suele ocurrir cuando dedicamos nuestro tiempo a algo como estudiar para un examen importante o iniciar un proyecto o a conocer a alguien y nos quedamos con la sensación de que todos nuestros esfuerzos han sido en vano, al no obtener los resultados esperados. En cambio, estas caídas nos hacen saber ver también las oportunidades en las que no perdemos el tiempo, sino que lo invertimos y, para ello, es necesario apoyarnos en nuestra forma de apreciar estos matices, solo depende de nosotros.

Cuando pierdes a un ser querido, aprendes a valorar más la vida y darle un sentido con tus actos. Una vez superada la etapa de duelo, cambias la mentalidad y comienzas a pensar de otro modo. Según la manera en la que has perdido a esa persona, ya que puede haber sido algo más trágico en función de las causas de la pérdida, empiezas a querer aprovechar cada segundo de tu vida, por ella y por ti mismo.


"Perder es bueno porque te hace entender mejor el valor de ganar"

A veces es necesario perder para poder ganar. Pero no debemos encerrarnos en la tristeza y el dolor, sino que hay que aprender a fijarse en lo positivo y darse la oportunidad de cambiar y valorar lo que tenemos. Con esta reflexión te invito a pensar que siempre hay salida, aún en las situaciones que parece que no la tienen. Seguro que hay muchas más situaciones en las que perder te ha hecho ganar, párate un momento y piénsalo, después aliméntate de todas esas formas de superación personal que has ido acumulando a lo largo de tu vida, te sorprenderás de descubrir lo valiente y fuerte que eres.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Pon un sol en tu vida

El SOL, la mayor de las estrellas. Brilla sólo por el hecho de existir, al igual que las personas, que ofrecen lo mejor de sí mismas siendo auténticas e iluminan los días con su presencia para que no se vuelvan grises y tristes. Da calor con su cercanía, nos abriga en los días más fríos. Esos soles que conocemos nos arropan cuando nos sentimos solos, nos regalan su cariño, se preocupan por nuestro bienestar y están atentos para cubrir nuestras necesidades. El sol da vida. Es una parte fundamental en el desarrollo de los seres vivos, por ejemplo, todos sabemos que es clave en el proceso de la fotosíntesis en las plantas, pues las nutre. Nuestros soles también nos alimentan, renovando nuestra energía y nuestra persona consiguen transformarnos, volvernos más fuertes.

Nos hace sonreír. Nos aporta una alegría especial. Desde pequeños, los niños siempre lo dibujan en el cielo (la mayoría de las veces sonriendo) cuando se les pide que hagan un dibujo, ¿por qué será? Los niños tienen esa vitalidad inconfundible que los hace estar activos y alegres, sin pensar ni preocuparse por nada... ¡qué sencillo es vivir así! Admiro esa etapa de la vida, creo que todos deberíamos seguir su ejemplo y no atormentarnos tan fácilmente.

Necesitamos poner un sol en nuestras vidas, un sol lleno de luz, optimismo y felicidad, que atraiga los buenos momentos, la ilusión y las ganas de vivir exprimiendo cada día. Un sol con rayos de esperanza, de sonrisas contagiosas con las que llenar el mundo de color y dar vida a la vida. Un sol que brille y haga brillar a los demás.


¡Dibuja un sol en tu vida!

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Septiembre

Bonito mes en el que me tocó nacer. Septiembre es ese mes marcado por las transformaciones, no sólo de lo que vemos a nuestro alrededor, sino que también se producen cambios en nuestro interior. Un cambio de actitud notorio tras un verano relajado o alocado, según la persona. Llega el momento de volver a centrarse, con las pilas cargadas y con energías renovadas, en nuestro quehaceres diarios, eso a lo que llamamos rutina.

Septiembre, ese mes que nos regala nuevas oportunidades. Un nuevo curso empieza y, con él, llegan nuevas ilusiones, nuevos proyectos, nuevas metas, nuevos sueños por cumplir... motivos para vivir y hacer que cada día merezca la pena. También nos regala vistas espectaculares, paisajes mágicos, de cuento, que enamoran con su amplia variedad de colores.

Septiembre se va, pero nos deja una de las estaciones más bonitas del año, el otoño, que recién comienza y trae un aire nuevo a nuestras vidas. Un aire nuevo que nos empuja a tener confianza y a realizar todo aquello que nos vamos proponiendo. Un aliento lleno de cambios personales, aspectos que necesitan ser modificados, mejorados y renovados, ya que, al igual que las hojas de los árboles, han caducado. En ocasiones nos sentimos como esas hojas de otoño: arrugadas, frágiles, secas, con un estado de ánimo sombrío marcado con tonos rojos resultado del dolor; un amarillo apagado, aburrido, solitario; un naranja cansado, machacado de tanto estrés, de dar más de lo que se recibe; un marrón triste, cargado de errores, vacío... y a la vez ese verde esperanza, que entremezclado con los otros, mantiene viva la fuerza y el deseo de resurgir. El viento nos ayuda a dejar caer todo lo que nos oprime, todo lo que nos agobia, alejándolo para que no nos paremos y podamos seguir creciendo.


P.D. Tú también te fuiste en septiembre, mi ángel. La brisa del otoño acarició mi cara con tu recuerdo aquel día y lo sigue haciendo cada año. Con el viento te haces presente y en mi corazón sigues brillando como la estrella que eres.