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sábado, 7 de agosto de 2021

Soledad

Desde pequeños hemos aprendido que estar solos, apartados físicamente de los demás, es algo que nos hace sentirnos mal, excluidos, tristes y decepcionados. Pero, ¿siempre que piensas en la soledad lo enfocas de este modo? La soledad entendida como el acto de estar solo podemos verlo desde dos puntos de vista: el positivo o el negativo. 

Cuando lo vemos desde el punto de vista negativo, hacemos referencia a lo que ya hemos mencionado anteriormente. Ese sentimiento que aparece cuando sentimos que no encajamos en un grupo social, que no contamos con la aprobación de nuestra familia, la sensación de que nadie nos quiere a su lado... Muchas veces en realidad no es así, pero tendemos a percibirlo como algo negativo, que va ampliando su magnitud al alimentarlo nosotros mismos con pensamientos negativos de angustia y culpabilidad.

Sin embargo, desde el punto de vista maduro y positivo, podemos ver la soledad como algo bueno, un momento de crecimiento personal. Un espacio y tiempo que dedicamos a estar con nosotros mismos, conociéndonos, disfrutando de nuestra propia compañía, realizando actividades que también nos llenen. Un momento de reflexión en el que analizar las situaciones del día a día, plasmar en un papel (a modo de diario personal) pequeños análisis de nuestras actuaciones diarias, aquellas cuestiones a las que aún no damos respuesta y los logros que hemos alcanzado. Un ratito para conectar con nuestro yo interior, fortalecer los lazos de afectividad con nosotros mismos. 

Este tipo de soledad es necesaria y debe ser buscada porque es inevitable estar solo, no podemos pretender estar todo el rato rodeados de personas, también necesitamos momentos para nosotros mismos y aprovecharlo como mejor consideremos. Si alguna vez nos sentimos solos, debemos evitar pensamientos negativos o sentimientos de culpa o ataque, saquemos partido a la nueva situación y veámoslo como una oportunidad de aprovechar el tiempo. Nosotros somos nuestro mejor amigo, nadie nos va a conocer o querer mejor de lo que lo hacemos a nosotros mismos. 


"La soledad más grande es la de aquel que aún no se conoce a sí mismo, 
la soledad del que no sabe estar en su propia compañía".

domingo, 11 de febrero de 2018

Máscaras

Hemos disfrutado estos días de la fiesta de Carnaval, ese momento que todo el mundo espera con ganas y con ilusión, pues nos encanta disfrazarnos y transformarnos por unas horas en otras personas, seres reales o imaginarios. Fantasía, imaginación y creatividad no nos faltan a la hora de confeccionar nuestros trajes, más o menos logrados, pero cumplen con la función que les otorgamos, la de dejar a un lado nuestro sentido del ridículo y meternos en la piel de aquello en lo que nos convirtamos en cada ocasión. 

Las máscaras que cubren nuestras caras, dándonos un aire misterioso, son algo muy llamativo de esta época y que relacionamos inmediatamente con esta fiesta. De vez en cuando está bien esconderse tras una máscara o un antifaz y dejar de ser nosotros mismos por un rato, pero ¿qué pasa cuando estás tan a gusto detrás de ese disfraz y te cuesta quitarte la máscara y ser tu mismo el resto del año? Por desgracia hay mucha gente (más de los que creemos) que viven tras estas máscaras, ocultando su verdadero ser y fingiendo ser una persona que no son. ¿Qué les lleva a querer esconderse tras esa máscara? 
  • Principalmente, su inseguridad. Las personas que no se atreven a mostrarse tal y como son es debido a su falta de confianza en sí mismas. No están seguras de llegar a encajar en un grupo y ven más fácil ser otra persona, amoldándose a lo que son, piden o exigen los otros, solamente para sentirse aceptadas. También, son capaces de tener una doble cara, la real en unos contextos y la fingida en otros, manipulando y engañando a aquellos que se crean su papel, en unas situaciones u otras.
  • Falta de autoestima personal. No se quieren, no se valoran, quizás por traumas no superados o fantasmas del pasado que no logran aceptar. La realidad es que es más fácil evadirse y crear una personalidad de pega, con una vida totalmente diferente y muchísimo más interesante y atractiva que la que tienen en realidad, antes que asumir las carencias internas que puedan tener.
  • Miedo a la soledad. Como hemos señalado anteriormente, esa falta de confianza en uno mismo y la no aceptación personal, conllevan que la persona no quiera estar sola. Por ello, como medida preventiva y para evitar quedarse solas, se escudan en otra personalidad que les funcione para caer bien al resto, asegurándose de este modo tener a alguien siempre al lado (si puede ser un perrito faldero, mejor).
  • Por diversión. Para reírse de los demás, de los ingenuos que se creen su papel y con él todas las historias inventadas que pueden sonar muy reales, pero verdaderamente no serlo. Es muy fácil jugar con los sentimientos, las emociones y las ilusiones de otros, por eso hay que andarse con mucho ojo y no creer que es oro todo lo que reluce.
Existen personas que han utilizado tantos disfraces y máscaras a lo largo de sus vidas, tratando de ganar la aprobación o el cariño de otros, que ya no son capaces de definir quiénes son en realidad, pues se han creído sus propias mentiras. Por este motivo, hay que ser muy hábil y astuto para no creerse cualquier cosa y pecar de inocente cayendo en sus redes. Y, por el otro lado, ser auténtico sin miedo a lo que piensen los demás, sin intentar aparentar lo que no eres sólo por contentar a otros. Porque la amistad y la confianza ni se mendiga ni se compra ni se vende y lo primero es quererse a uno mismo, aceptarse y valorarse como uno es, con sus defectos y sus virtudes. Porque nadie es perfecto y jamás vas a lograr caerle bien a todo el mundo. Siempre es mejor que quien te quiera, lo haga por lo que eres en realidad, ya que toda mentira al final cae por su propio peso. 


~~ Aparentar lo que no eres, es vivir sin saber quién eres ~~

viernes, 14 de julio de 2017

Ser invisible

Con frecuencia, cuando escuchamos la expresión "ser invisible" la asociamos a una persona tímida, introvertida o vergonzosa que, por alguno de estos factores, la llevan a no abrirse a los demás. Así es, el problema siempre lo vemos fuera (es del otro, no mío) y, por consiguiente, es suyo en este momento.

Pero, ¿y si no fuera solo eso? Es decir, ¿el ambiente, la persona o grupo de personas con las que él o ella se siente invisible, realmente, no tienen nada que ver? Si pensáis de este modo, estáis equivocados. Lo fácil es eso, pensar que el problema lo tiene el otro, por tímido, por no confiar en sí mismo, por tener una baja autoestima, por falta de iniciativa, por no saber adaptarse a las circunstancias... y un largo etcétera de excusas que se pueden poner. No digo que en ocasiones no sea así, de hecho claro que es una parte que afecta a uno mismo, cada cual se conoce bien, pero no es lo único. Más importante que eso es el trato recibido, la atención que le prestes, la ayuda y el apoyo que le ofrezcas, el egoísmo u orgullo que dejes a un lado para pensar en el "fantasma", poniéndote en su situación.

A mí me ha pasado. Muchas veces y con el mismo grupo de personas, ¿casualidad? ¿Tengo solo yo el problema? Vale que al principio era muchísimo más tímida de lo que soy ahora y que me gustaba pasar desapercibida (no iba conmigo el hecho de llamar la atención), pero conforme cogí confianza y con el tiempo, cambié. Me volví más sociable, empecé a tener iniciativa, ideas novedosas y aporté la dedicación, responsabilidad, el compromiso y el trabajo de siempre (cualidades propias a las que no quise renunciar, pues son parte de mi esencia). ¿Qué pasó? Que de repente me vieron. Aunque sólo fuera como una estrella fugaz, ya que de nuevo y, a pesar de todos esos cambios que exigían y que cumplí, los cuales supusieron mucho para mí, de la nada todo se volvió más frío. Hasta el punto de ni siquiera mirarme a la cara cuando hablo. ¿Qué falta de educación es esa? ¿Es también un problema más que tengo que cambiar? Sí, me hizo cambiar, pero no mi forma de ser ni de actuar, sino mi manera de pensar. Me hizo ver las cosas desde una nueva perspectiva.

Por eso digo que son excusas realmente porque si tú no contribuyes a que esa persona se sienta invisible ignorándola, esa persona tendrá más fácil no sentirse así. Si nos pusiéramos un poquito más en el lugar del otro, comprendiéramos su realidad y le diéramos la confianza que se merece (o fuéramos educados, qué menos), quizás esa persona no se sentiría mal ni pensaría que todos sus esfuerzos resultaron en vano. Por eso, es fundamental no ponernos etiquetas ni dejar que otros nos las pongan. Y, lo más importante, aceptar que cada uno es como es y si quieres cambiar que sea por y para ti, no por agradar a otros, ya que para ellos nunca vas a ser lo suficientemente visible, siempre les va a faltar algo más. Hay tantas o más excusas que gotas tiene la lluvia.

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