domingo, 8 de marzo de 2015

Luna

¿Qué tendrá la luz de la luna?
La luna hipnotiza con su luminosidad, aunque sea el reflejo de la luz solar la que le hace brillar, adquiere un poder especial. Se puede contemplar con calma, sin prisa, disfrutando de su belleza singular. Su luz es clara, no daña la vista y contrarresta muy bien con la oscuridad. Esa luz nos recuerda que no tenemos nada que temer, ella nos acompaña aún en la más profunda de nuestra tristeza, alumbra nuestras incertidumbres, vela por nosotros. Nos protege. Mantiene viva la noche. La llena de brillo y hace que la oscuridad no sea tan plena, todo se vuelve más claro, hace que sea menor la tenebrosidad y transmite tranquilidad.

La noche con esa oscuridad da miedo, nos envuelve en emociones negativas, nos hace dudar, nos crea inseguridad y asusta. Caminar de noche sin ninguna luz que nos acompañe ni ilumine nuestro camino, se hace complicado por el temor que nos produce no asegurar nuestros pasos. En cambio, con ella guiándonos no hay nada que temer, nos aporta seguridad y estabilidad. Es como esa persona que necesitamos tener a nuestro lado porque garantiza nuestro bienestar, nos hace más valientes y fuertes, nos da la confianza necesaria para actuar.

Luna, tú meces mi nostalgia y mis sueños, con dulzura y serenidad. Tú curas mis heridas y alivias mis penas. Es una suerte que cada noche, fiel a la cita, acudas a mi ventana. Solo al verte encuentro la calma tras un día estresante, una paz interior a través de la cual me encuentro contigo y a la vez conmigo misma, que hace que caiga rendida y pueda relajarme. Es como si en ti depositara todo lo que me quita el sueño, la carga del día a día, lo que me atormenta y tú me concedieras el deseo, me otorgaras ese poder para dejar de preocuparme, para no pensar, para soñar... para caer dormida al instante.


Qué gran fortuna poder ver a la luna,
grandiosa y brillante como ninguna.
Admirarla es el mejor momento,
ilumina cada uno de nuestros pensamientos.

viernes, 13 de febrero de 2015

Escucha

Hoy, día de la radio, es una buena oportunidad para reflexionar acerca de la diferencia entre oír y escuchar, así como recalcar la importancia que tiene esta última en nuestras vidas. A veces los empleamos como sinónimos, pero, ¿realmente lo son?, ¿es lo mismo oír que escuchar la radio? No, no lo es. Igual que no es lo mismo oír que escuchar a alguien. Oír es percibir el sonido, recibir un estímulo a través de nuestros oídos, pero no implica entender lo que se está oyendo. En cambio, escuchar implica prestar atención a lo que se oye, recibir el estímulo y, además, poner interés en saber de qué se trata, comprender lo que se percibe y, para ello, no utilizamos solo los oídos, incluimos otros sentidos.

A veces oímos sin pararnos a escuchar. Estamos tan ocupados pensando en nosotros mismos que nos olvidamos de los demás. Quizás alguien nos necesita, se quiere desahogar, pero no encuentra quien, en medio de este mundo de prisas, de idas y venidas, esté dispuesto a pararse, ofrecer su tiempo y escucharle. Escuchar de forma activa, sintiendo, comprendiendo, interiorizando.... empatizando, poniéndonos en el lugar de la persona a la que estamos escuchando. Solo así podremos entender su situación y darle nuestra opinión o nuestro consejo después porque solo así la otra persona se sentirá escuchada. Cuando escuchamos de esta manera, estamos haciendo mucho aunque parezca que no. Estás regalando tu tiempo, siendo un apoyo, haciéndole saber al otro que te importa, que lo valoras y que, por eso, estas ahí.

Como he dicho antes, para escuchar en plenitud no solo necesitamos los oídos, a veces ni siquiera utilizamos los oídos, nos bastan las miradas. Podemos escuchar con los ojos. Sí, como lo leéis. Pero esto no funciona con cualquiera, solo con aquellas personas que conocemos de verdad, con las que se produce una conexión especial... esas personas que con solo mirarlas a la cara nos dicen tanto.

Sin embargo, no solo vale con escuchar al otro, es fundamental aprender a escucharse a uno mismo. Es esencial para conocernos realmente. Solo nosotros sabemos cómo somos, qué nos mueve, qué nos inquieta, qué nos cuesta, cómo actuamos ante cada situación, cuáles son nuestros intereses, nuestros puntos fuerte y los débiles. ¿Cuándo escuchamos a nuestro corazón? Normalmente cuando se van a tomar decisiones importantes. El corazón nos habla constantemente y nos reclama cierta atención, aunque ocupemos nuestro tiempo con otras cosas que creemos más importantes, nuestro corazón siempre debería ser el primero en ser escuchado. El corazón es el único que sabe o qué queremos de verdad, lo que necesitamos para ser felices. Es por eso que debemos tenerlo presente siempre, dejar que priorice nuestras vidas. Aprende a escucharlo y, así, aprenderás a escucharte.



"Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. 
Cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve"

lunes, 19 de enero de 2015

Nieve

Aunque parezca mentira, según algunas fuentes hoy es el día internacional de la nieve. Coincidiendo con este día, es probable que en muchos sitios o lugares recónditos haya nevado con intensidad o se hayan dejado ver al menos unos pequeños copos de nieve. Yo me pregunto, ¿qué tendrá la nieve que causa tanto revuelo y tanta expectación?

Por lo general, a todos los niños les ilusiona la nieve. Probablemente por ser algo que escasea, que no ocurre todos los días y que en muy pocas ocasiones se produce, se valora de forma especial y se espera con ansia y con deseo. Ese deseo de la infancia, esa ilusión sigue dentro de nosotros. Aunque los años pasen y dejemos de ser niños, hay una parte de esos niños que no se va y que se mantiene viva en nuestro interior. Por eso nos sigue haciendo tanta ilusión cuando nieva, algo dentro de nosotros nos evoca esos recuerdos, esas emociones y no podemos evitarlo, no podemos quedarnos quietos como si nada, lo vivimos (de una u otra manera) como algo especial. Porque verdaderamente sabemos que lo es.

Ver caer la nieve emboba, enamora. Los copos no son como las gotas de lluvia, aunque se parezcan porque ambos se precipitan desde las nubes. Ellos se ven más porque tienen color, textura y es por eso que, al poder verlos, parece que caen más despacio o que abarcan un mayor espacio. Disfrutamos al ver la nieve caer desde la ventana. Pasa el tiempo y, al mirar, tu alrededor se ha transformado, se ha vuelto una estampa de película, como si de una postal navideña se tratara. Si en lugar de conformarte con la ventana, vas más allá y lo vives en primera persona, cayendo la nieve sobre ti, la sensación cambia. Te sientes pequeñita ante la inmensidad y, a la vez, te sientes parte del paisaje. Como si estuvieras dentro de una de esas bolas de cristal que se agitan para que caiga la nieve. Es una sensación mágica, como si fuera un cuento o un sueño... un sueño real.

Si se da la llamada transformación y la nieve cuaja, tenemos delante nuestro un manto blanco que dan ganas de tocar, de dibujar sobre él, de coger la nieve con las manos o de pisarla para sentirla de verdad... Y cuando eso ocurre ya no hay vuelta atrás, las huellas quedan marcadas y, para bien o para mal, ya no volverá a estar como al principio. Claro que si no se hace nada, con el paso del tiempo va a desaparecer igualmente, así que seguro que merece la pena intentarlo, dar rienda suelta a nuestra creatividad, dejar un trocito nuestro en ella e incluso aprovechar la oportunidad de descubrir algo nuevo, algo que puede ocultarse bajo ese manto de nieve. Por eso, hay que vivirlo en el sentido más amplio de la palabra, hay que dejarse llevar, no pensar, solo disfrutar porque no sabemos cuándo volverá.


Todos llevamos un niño en nuestro interior, unas veces se manifiesta más que otras, pero sabemos que está ahí y que es importante conservarlo. 

Que no se pierda la ilusión por las pequeñas cosas, que no se pierda la ilusión por la vida.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Hasta siempre, 2014

Se termina mi año, ese que con tanta ilusión esperaba, ¿por qué? Quien me conoce sabe lo especial que es para mí el número 14. Es el número que lucía en su dorsal aquella estrella que me devolvió las ganas por continuar cuando estaba tan perdida y él fue el que me regaló un gol el día de mi 18 cumpleaños. Él se crecía ante las críticas, era una estrella que dejaba destellos de magia y calidad allá donde pisara. Me enseñó que no había que rendirse, que muchos se quedarían con tus malas acciones y que pocos verdaderamente te valorarían por lo que eres, por quien eres. Y así es, este ha sido un año de logros, de sueños cumplidos, el culmen de bastantes años atrás llenos de optimismos, esfuerzo y traspiés, pero sobre todo, lo que me ha mantenido en pie es la constancia, el hecho de no perder la esperanza y confiar en que podía ser posible, que yo lo iba a hacer posible. Y así, conseguí cumplir mi mayor sueño desde niña, ser maestra. También hice realidad el sueño de obtener una oportunidad tan deseada como la de compartir un verano rodeada de niños y personas de las que aprender tanto. Y entre el primer sueño y el segundo, tuve la suerte de vivir la conquista de un título muy soñado por todos los madridistas y, aunque no pegue aquí hablar de fútbol, como soy yo y es mi vida, tengo que nombrar la Décima. Ellos también son un ejemplo de esfuerzo, de constancia y de superar las dificultades. Ellos, al igual que yo, lograron un sueño que llevaban mucho tiempo buscando.


Por otro lado, si tuviera que buscar una palabra para definir este año, la palabra que escogería es: familiar. Esta palabra engloba dos significados, dos motivos fundamentales. El primero es que, aunque tratemos de quedarnos con lo bueno, todos los años trae algo que nos gustaría cambiar y yo soy la primera que anima a hacerlo, a luchar por ello... pero en este caso no se puede. Son circunstancias que te toca vivir y con las que nunca vas a estar preparado. Sin embargo, como lo sabes ya de antemano, que esta vida es finita, sabes aprovechar y sacar partido a cada momento que vives. Yo lo hice y tuve la oportunidad de disfrutar de su presencia 23 años, que no es poco y llenos de momentos, aprendizajes y sobre todo recuerdos imborrables. El caso es que estas circunstancias nos han hecho estar más unidos y eso siempre es de agradecer. La familia debe estar unida siempre. El segundo significado de que este año lo considere familiar es que la gente de la que me he rodeado en diferentes viajes y encuentros me han hecho sentirme como en casa, verdaderamente en familia y eso, no tiene precio ni palabras suficientes para agradecerlo.


Cuando alcanzas un sueño, lo mágico es que eso no se quede ahí, que busques nuevos retos, nuevas metas para alcanzar. El año nuevo siempre viene cargados de nuevos propósitos, yo ya los llevo poniendo en práctica desde este nuevo curso y sé lo que me queda por delante. Confío en que estas metas de superación personal las voy a lograr, y ¿por qué estoy tan segura? porque ya he comprobado que no hay nada imposible y que si quieres, puedes, siempre se puede. Y si he llegado hasta aquí, que echando la vista atrás parecía inimaginable, puedo llegar a donde me proponga. Como he remarcado tantas veces, nunca es tarde para volver a empezar. Que no nos falte la ilusión ni las ganas. Llevemos una predisposición positiva para tener más cerca aquello que ansiamos.


Gracias mi 14 por darme tanta suerte.
Busca tus sueños, lánzate a por ellos y... ¡atrápalos!

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Respira

"Respira, cierra los ojos y mira..."

Parar ver las cosas claras es necesario parar y respirar. Dejar la mente en blanco, detener los pensamientos que nos provocan sentimientos de rabia o frustración, olvidar por un momento aquello que nos pone tan nerviosos y que nos impide tomar la decisión adecuada. Las prisas no son buenas, por eso, todo lo que te importe de verdad hazlo con dedicación y con calma porque en un estado de tranquilidad se ve todo más claro. La serenidad es sinónimo de salud mental, con ella es más fácil dejarse llevar y actuar de modo correcto porque cuando se está tranquilo, sin presiones, se piensa mejor. 

Vivimos días de mucho estrés que no nos hacen ningún bien. Necesitamos abandonar esos estados de ansiedad que nos invaden porque agobiarse no va a hacer que nuestros compromisos, obligaciones o deberes se reduzcan ni sean menores. Por eso, hay que tratar de vivir de una forma más calmada y serena, nadie dice que sea fácil, pero con trabajo personal es posible mentalizarse y crear un sistema propio para tomarlo con tranquilidad, siempre con constancia. Frena ese nerviosismo que te lleva a una hiperactividad continuada y que solo acaba por torturarte, busca un equilibrio interno, cierto estado de armonía.

La calma es el camino para conseguir una vida más plena y feliz. Piénsalo. Cuando estás nervioso, ¿qué sentimientos te salen? normalmente son negativos "no voy a poder con ello", "se me echa el tiempo encima", "esto es un infierno", etc. En cambio, si estás en un estado más relajado, ¿no ves las cosas con algo más de optimismo? "ya queda menos para terminar" o "confío en mi, sé que va a salir bien, tiene que salir bien". Todo depende de ti, de cómo lo mires o lo quieras ver, de la actitud con la que te enfrentes a tu realidad.


No dejes que el negativismo se apodere de ti, 
cuando eso ocurra... párate y respira.  

jueves, 4 de diciembre de 2014

Perseverancia

El año va terminando y una de las palabras que quiero resaltar del mismo es, precisamente, ésta: perseverancia. ¿Por qué? Muy sencillo. Porque sin ella no habría logrado dos grandes sueños que llevaba años persiguiendo. Pero, ¿qué entendemos por perseverancia? Se define como la capacidad de seguir adelante, a pesar de los obstáculos y dificultades que encontremos en el camino. A esto podemos sumar estados como el desánimo o la frustración que nos llevan a tener la sensación de que no podemos, que todo nos supera y aparece el deseo de rendirnos. De este modo, podemos afirmar que la persona perseverante es aquella que permanece activa en el propósito de perseguir sus objetivos, vuelve a intentarlo tras fracasar, mantiene viva la ilusión, no se rinde ni se deja vencer.

Admirable, ¿verdad? seguro que muchos de nosotros hemos querido o pretendido serlo, incluso puede que tras numerosos intentos hayamos desistido o, por el contrario, que no hayamos perdido la esperanza y luchado hasta el final. Sea como sea, el secreto está en no dejar de creer. La constancia y la firmeza en los actos hacen que tirar la toalla no aparezca como opción, aunque en ocasiones se tengan deseos de abandonar, hay que sacar fuerzas de donde no las hay y mantenerse, convencerse de que es posible, de que lo vamos a lograr. Y sí, tarde o temprano todo llega, incluso aquéllo que parecía prácticamente imposible. Llega un día en el que, de repente, es como si algo se alineara en el universo y, por azar o por acierto, simplemente sucede. Sin embargo, esa 'magia' no podría existir si antes no pones de tu parte y buscas incansablemente avanzar un pasito más cada día.


"No se equivoca el pájaro que, ensayando el primer vuelo, cae al suelo; se equivoca aquel que, por temor a caerse, renuncia a volar permaneciendo en el nido."

¡ LÁNZATE A VOLAR !

sábado, 22 de noviembre de 2014

Entre la espada y la pared

Hace poco escuché una frase y es que el peor enemigo es la conciencia. Esto me dio para pensar que tiene bastante razón y que, por eso, hay que hacer aquello con lo que uno mismo esté a gusto, aquello que te contente y te agrade a ti, no a los demás. Cada quien tiene su vida y y cada uno debe ser el capitán que maneje su barco. Siempre vas a tener la oportunidad de elegir, aprovéchala. A veces no está de más sacrificar lo que deja de aportarte y lanzarte a la búsqueda de algo nuevo, algo que de verdad te nutra.

La vida me ha enseñado que, en ese aspecto, hay que ser egoísta porque si vives por y para los demás, te ocurren principalmente dos cosas. La primera es que sientes que todo el esfuerzo que haces no está compensado porque solo consigues que te impongan cosas que cada vez te van a costar más conseguir. Y es que nadie se contenta con poco y les divertirá ver hasta donde llega tu límite. Si haces algo que no nace de ti y que lo haces simplemente por quedar bien o por no sentirte apartado, al final no vas a disfrutar y vas a sentir que has fracasado. Esto nos puede llevar a la segunda que es que dejes de saber qué es lo que realmente quieres y, por qué no, pierdas la razón al no saber quien eres en realidad. Eres una persona, no una marioneta.

Con esto no quiero decir que haya que ser egoísta hasta el extremo ni que no debamos compartir nuestra vida con los demás, sino que no se puede aceptar todo lo que te echen. A fin de cuentas como dije anteriormente, es mi vida y yo decido cómo vivirla. A veces es mejor sola que mal acompañada. Sé que hay momentos en los que necesitas dejar de pensar en los demás para centrar en ti, solo en ti, de manera que fortalezcas tu persona, olvidando todo aquello que te hace débil. Hazlo, escúchate y verás cómo encuentras miles de valores positivos que quizás no se ven a simple vista, pero que tú sabes tienes dentro de ti. Eso eres tú. Ése es tu tesoro. 


De nada sirve arrepentirse luego, es mejor parar en el momento oportuno y comenzar de nuevo, renovada.